Inspirándose en el secuestro de 900 personas en el Teatro Dubrovka de Moscú (Rusia), en 2002, a manos de un grupo armado checheno que exigía la salida de las tropas rusas de su país y que se saldó, tras dos días y medio de negociaciones, con 171 fallecidos, La Fura dels Baus plantea una profunda reflexión sobre el terrorismo. El terror es la respuesta que, en algunos casos, ofrecemos al terror y esta paradoja es la esencia misma del título que La fura sustituye por el musical original, el Boris Godunov de Pushkin, en el que un impostor asalta el poder dispuesto a derrocar a un gobernante corrupto y todos saben que no va a ser mejor que aquél al que pretende reemplazar.
En escena se intercalan las disputas de la obra que se representa -con un lenguaje renovado y aderezado con referencias de vigente actualidad-, las internas de los terroristas y las de un gabinete de crisis con las intervenciones de una mediadora que trata de conciliar la posición de los asaltantes con la del gobierno de un país imaginario, ya que los autores han recurrido a un terrorismo arquetipo para evitar polémicas.
“La tragedia del Dubrovka se desarrolló en un teatro, un teatro tomado, y esta situación me parecía, en suma, la más terrible de las propuestas escénicas. El público que acudía a disfrutar de la ficción de un musical (Nord-Ost), acabó inmerso en una obra que no había elegido con un final indeseable. Este Boris Godunov comenzó a tomar forma cuando me planteé la posibilidad de proponer a un público una muestra infinitesimal, suavizada por la ficción, de lo que otro público tuvo que experimentar en uno de los episodios de la más trágica realidad.” Àlex Ollé
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